Mantenerse en movimiento es fundamental para una vida saludable. La actividad física no solo contribuye al bienestar físico, sino que también impacta positivamente en la salud mental, ayudando a prevenir múltiples enfermedades.
Este tema cobra especial relevancia en un contexto donde las patologías cardiovasculares —como hipertensión, diabetes y colesterol elevado— lideran las causas de muerte en el país, y donde la región de Coquimbo presenta altos índices de obesidad infantil.
Sedentarismo y obesidad: un escenario preocupante
Las cifras actuales evidencian un desafío importante en materia de salud pública.
Altos niveles de inactividad en la población
El doctor Andrés Cifuentes advirtió, a través del reportaje de Diario El Día, que “como país, somos número 1 en obesidad infantil en Latinoamérica y número 2 en los adultos. Por eso, como Servicio de Salud, incentivamos la actividad física para disminuir estos lamentables récords. Es muy importante incorporar actividad física desde la infancia, donde los niños adquieren hábitos y los incluyen dentro de sus vidas, permitiendo que después, sean adultos más sanos y con menos factores de riesgo”.
A esto se suma que el sedentarismo incrementa significativamente los riesgos para la salud, elevando hasta en un 30% la probabilidad de muerte en comparación con personas activas.
Actualmente, un 31% de los adultos y cerca del 80% de los jóvenes no cumplen con los niveles recomendados de actividad física.
Beneficios para la salud física y recuperación de enfermedades
El ejercicio no solo previene enfermedades, también mejora la capacidad del cuerpo para enfrentar situaciones complejas de salud.
Mayor resistencia frente a patologías graves
La kinesióloga Paulina Fleite explicó que “Mejora la funcionalidad de las personas, por ende, permite una mayor tolerancia ante una patología grave, como una neumonía, que requiera hospitalización en una Unidad Cuidados Intensivos (UCI). Una persona con una masa muscular adecuada va a tener una mejor recuperación y podrá ser dada de alta más rápido”.
Impacto positivo en la salud mental
Además de los beneficios físicos, el movimiento influye directamente en el estado emocional y cognitivo.
Endorfinas y bienestar emocional
En esa línea, Cifuentes destacó que “la actividad física provoca la liberación de endorfinas, que es la llamada hormona de la felicidad, constituyendo un gran aporte para enfrentar problemas de salud mental, como la depresión y la ansiedad. Además, tiene beneficios en nuestra capacidad cognitiva y el sueño”.
Actividad física en personas con discapacidad
El ejercicio también cumple un rol esencial en la rehabilitación y mantenimiento de la autonomía.
Importancia para la funcionalidad diaria
La kinesióloga Maricela Vivencio indicó que “para las personas con discapacidades físicas o cognitivas, permanente o transitoria, es fundamental para mantener la autovalencia y lograr un equilibrio físico y emocional. Si no hacen actividad física, se pierde funcionalidad, las articulaciones se ponen más rígidas y se pierde masa muscular, lo que conlleva efectos en la salud mental. Para aquellas que se encuentran en rehabilitación es terapéutico, a veces se limitan por los dolores, pero el movimiento, con el equipo de salud, les ayuda”.
¿Cuánta actividad física se recomienda?
Las recomendaciones internacionales establecen distintos niveles según la edad.
Orientaciones de la OMS
La Organización Mundial de la Salud sugiere que niños y adolescentes entre 5 y 17 años realicen al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa. En el caso de los adultos, se recomienda un mínimo de 150 minutos semanales de actividad moderada o 75 minutos de ejercicio vigoroso.
Fleite agregó que “Los nuevos consensos sobre actividad física hablan de que no es necesario hacer todos los días, quizás para las personas es más fácil hacer durante los fines de semana. La verdad es que todo suma, más movimiento es más vida, es importante que sea parte de la rutina, aunque no haya ganas, eso va a permitir tener un mejor día y mayor calidad de vida, en un mundo que aumenta nuestro estrés”.
Opciones para mantenerse activo
No existe una única forma de hacer actividad física; lo importante es encontrar una opción que se adapte a cada persona.
Desde deportes hasta actividades cotidianas
Vivencio explicó que “primero, es importante saber qué nos gusta, la actividad física la podemos concentrar en un deporte individual o grupal, lo colectivo ayuda mucho para quienes están emocionalmente lábiles porque potencian las habilidades sociales y hacemos vínculos. También nos puede acomodar más el yoga, taichi, zumba, caminatas, hay muchas opciones”.
Por su parte, Fleite precisó que “la actividad física es cualquier movimiento que involucre un gasto de energía, por ejemplo, caminar, remar, hacer el aseo en la casa y prácticas no estructuradas. El ejercicio es más intenso, aumenta la frecuencia cardiaca y respiratoria, para que el cuerpo pueda enviar sangre oxigenada a los músculos, lo que se recomienda es actividad física, de moderada a intensa, para activar el cuerpo y mejorar su funcionalidad, disminuir los dolores físicos y sentirnos con más energía”.
Pequeños cambios que marcan la diferencia
Incorporar hábitos simples en la rutina diaria también puede generar un impacto positivo.
Acciones como caminar, usar escaleras, pasear a una mascota o realizar pausas activas durante la jornada laboral contribuyen a reducir el sedentarismo y mejorar la salud general.
El llamado de los especialistas es claro: moverse más no solo previene enfermedades, sino que también mejora la calidad de vida en todos los aspectos.
Imagen de contexto: Getty.

