En medio de un escenario marcado por la escasez de lluvias y el aumento sostenido de las temperaturas, el humedal El Culebrón se mantiene como uno de los pocos pulmones verdes activos durante todo el año en la Región de Coquimbo. Su presencia no solo sostiene biodiversidad, sino que también aporta bienestar urbano y ayuda a moderar el calor en la ciudad. Sin embargo, un reciente estudio advierte que su supervivencia depende de un factor poco visible y altamente vulnerable.
Un humedal que no se alimenta solo del clima
La investigación, encabezada por el Dr. Jaime Cuevas, investigador del Centro Científico CEAZA, revela que la principal fuente de agua del humedal no proviene de la lluvia ni del mar, sino de una infraestructura agrícola: el Canal Bellavista.
De acuerdo con los datos del estudio, cerca del 84% del aporte hídrico que mantiene activo al humedal proviene de este canal, que transporta aguas del río Elqui hacia predios agrícolas del sector Pan de Azúcar. La precipitación apenas aporta alrededor de un 10%, mientras que la niebla y el agua marina representan menos del 5%.
Una externalidad positiva no planificada
“El propósito con el que fue construido el canal fue para surtir de agua a distintos predios agrícolas que existen entre el origen del canal (Pelícana) y su fin (Pan de Azúcar). No tuvo como objetivo abastecer al humedal. Ello significa que una externalidad positiva de la existencia del canal es la subsistencia del humedal El Culebrón, gracias a las infiltraciones del canal durante el transporte del agua, además de en la aplicación de riego que no es 100% eficiente”, explica el Dr. Cuevas, en declaraciones consignadas por el sitio ceaza.
El agua que no se ve, pero sostiene el ecosistema
Uno de los aspectos más críticos del hallazgo es que el vínculo entre el canal y el humedal ocurre bajo tierra. No existe un flujo superficial visible que conecte ambos sistemas.
“En nuestro caso de estudio, el agua que trae el canal Bellavista infiltra el suelo ubicado en Pan de Azúcar, luego de lo cual esta agua tiene afloramientos hacia la quebrada El Culebrón, desde donde fluye hacia el humedal. Si no fuera por este aporte, tanto la precipitación como el agua de mar serían insuficientes para sostener el humedal como lo conocemos actualmente”, detalla Cuevas.
Esta dependencia del agua subterránea vuelve al humedal especialmente frágil, ya que este tipo de recurso es complejo de monitorear y proteger.
“Esto se debe a que no la vemos directamente como ocurre con las aguas superficiales. Se requieren perforaciones así como métodos sofisticados para inferir su existencia. Además, cuando se contamina es muy difícil depurarla”, advierte el investigador.
¿Qué pasaría si el humedal pierde su aporte de agua?
La reducción o pérdida de este flujo invisible tendría efectos directos sobre la ciudad. Un humedal más pequeño implica menos áreas verdes, menor hábitat para flora y fauna y un aumento de la sensación térmica urbana.
“Lo más probable es que perdiéramos una de las pocas áreas verdes con que cuenta la ciudad, dado que el humedal experimentaría una contracción en su superficie, lo que incluye también a la laguna costera. Menor superficie significa menos hábitat para la flora y fauna. Además cuando disminuyen las áreas verdes, se intensifica la sensación de calor en las ciudades, ya que éstas actúan como islas de calor”, señala Cuevas.
El dilema de la eficiencia hídrica
Paradójicamente, parte del equilibrio actual del humedal depende de pérdidas de agua del sistema agrícola.
“Si bien se aplica riego por goteo, por cintas y por pivote en el valle de Pan de Azúcar, aún el riego no es 100% eficiente. Además al agua se le dan otros usos como consumo humano, lo cual puede significar pérdidas del recurso de vuelta al suelo, y de ahí al humedal”, explica el científico.
No obstante, la gestión del canal está evolucionando hacia la impermeabilización, el entubamiento y la interrupción periódica del caudal, lo que podría reducir drásticamente estas infiltraciones.
“La gestión del canal está cambiando hacia la impermeabilización o entubado de su lecho. Además, en ciertos momentos del año el caudal es interrumpido. Si la eficiencia en el uso del agua sigue aumentando en Pan De Azúcar, esto significará que la alimentación hídrica del humedal se verá resentida, impactando negativamente a su flora y fauna”, alerta Cuevas.
Un desafío colectivo para el futuro del humedal
El estudio plantea un desafío de fondo en materia de planificación territorial y gestión integrada del recurso hídrico. “Ciertamente es un riesgo para el humedal, ya que si esta obra artificial (el canal) se descontinuara cesaría la mayor parte del aporte de agua dulce al humedal”, advierte el investigador.
Además, subraya que la solución no depende de un solo actor. “Acá entran en juego principalmente la Asociación del Canal Bellavista, regantes de Pan de Azúcar, organizaciones ecológicas, academia, Dirección General de Aguas”, enumera.
En definitiva, el humedal El Culebrón no sobrevive solo por las condiciones naturales del territorio, sino por una delicada interacción entre infraestructura, decisiones humanas y gestión del agua. Si ese equilibrio invisible se rompe, las consecuencias se extenderán mucho más allá de los límites del humedal.

