En un acto profundamente conmovedor, Ramón Parada (60) y Cristina González (67) celebraron su unión en una ceremonia que superó todas las expectativas, en medio de un proceso hospitalario desafiante y con el diagnóstico de cáncer avanzado de Ramón. La boda, que tuvo lugar en el Hospital San Pablo de Coquimbo, se convirtió en un símbolo de esperanza, amor y valentía, gracias a la colaboración de numerosos profesionales de la salud que hicieron posible este sueño.
Un acto de valentía y amor en el hospital
La pareja, que lleva 25 años de vida juntos, había planeado originalmente la ceremonia fuera del hospital. Sin embargo, debido a la complejidad de la salud de Ramón, la boda tuvo que ser adaptada al contexto hospitalario. Los equipos de Neurología, UTI, Medicina, Alimentación y Cirugía del hospital se unieron para hacer de este evento algo inolvidable, coordinando todo, desde la decoración hasta la gestión del momento con la oficial del registro civil.
La ceremonia y el apoyo de los profesionales de la salud
Más de 50 funcionarios del hospital se unieron a esta celebración, lo que convirtió la boda en una fiesta cargada de emociones. Los médicos, enfermeros, y otros trabajadores se encargaron no solo de los detalles logísticos, sino también de acompañar a los novios en un proceso tan significativo.
Ramón Parada, emocionado, comentó: “No me imaginé este contexto en el hospital, pero fue bonito, lindo, toda la gente que ha estado aquí ayudando, muy buena la ceremonia. Siento un verdadero respeto por ellos, por lo que hacen por la gente y por lo que hicieron por mí. Yo cuando llegué me iba a morir, pero aquí me han sacado adelante y mire aquí como estoy.”
Por su parte, Cristina González expresó su agradecimiento hacia todo el equipo del hospital: “No sabemos dónde vamos a parar (…). No tengo cómo pagarles todo lo que han hecho con él. Los doctores, hasta las personas que hacen el aseo le dan una sonrisa, le toman la mano, y le dicen, ‘vamos, que se puede’. No nos han dejado solos y hemos sido fuertes.”
Una historia de amor que supera barreras
La relación de Ramón y Cristina comenzó hace 25 años en las calles de La Serena, y desde entonces nunca se separaron. Aunque no tuvieron hijos juntos, Ramón acogió como propios los tres hijos de Cristina, fruto de una relación anterior. Después de que Ramón enfrentara problemas de salud, incluyendo trastornos estomacales, cardiovasculares y un diagnóstico de cáncer el año pasado, la pareja decidió finalmente dar el paso hacia el matrimonio.
La importancia del apoyo del equipo médico
El trabajo conjunto de los equipos del hospital fue clave para que este momento tan especial se hiciera realidad. Pía Pedrero, trabajadora social del Servicio de Cirugía del hospital, compartió su emoción al haber sido parte de este proceso: “Una se va con el corazón llenito de haber aportado en que el paciente haya dado el sí, no solamente en un contexto complejo, sino que dentro de un hospital. Una piensa que va a ser en otro escenario, en otro contexto.”
César Urizar, enfermero jefe del Servicio de Cirugía, también destacó el valor de esta experiencia: “Lo que yo rescato de este proceso fue la unión que se logró entre el servicio clínico y la familia.”
Una boda que marca la humanización de la atención médica
Tras la ceremonia, que incluyó los tradicionales rituales como el beso y el lanzamiento del ramo, se celebró un brindis y cóctel, cerrando una jornada llena de emoción. Este evento no solo representó la unión de una pareja, sino que también fue un reflejo de la humanización de la atención médica en la región, demostrando que, incluso en los momentos más difíciles, el amor y la esperanza pueden florecer en el entorno hospitalario.
Este acto quedará marcado como un hito en la vida de Ramón y Cristina, pero también como un ejemplo de cómo la empatía y el cuidado van más allá de las funciones médicas, trayendo un rayo de luz en medio de las adversidades.

