Un equipo científico de la Universidad de La Serena (ULS) confirmó la presencia del trompetero (Latris lineata) en la Región de Coquimbo, un pez cuya distribución histórica se concentraba principalmente en aguas de Australia y Nueva Zelanda.
El hallazgo fue posible gracias al uso de ADN ambiental (eDNA), una innovadora técnica que permite monitorear la biodiversidad marina sin necesidad de capturar ejemplares.
Tecnología no invasiva permitió la detección
El proyecto es liderado por Cristian Araya-Jaime, académico del Departamento de Biología de la ULS, y cuenta con financiamiento de la Vicerrectoría de Investigación y Postgrados de la casa de estudios.
La iniciativa forma parte del programa “Detección temprana de especies invasoras mediante eDNA en los puertos de la Región de Coquimbo”.
Cómo funciona el ADN ambiental
La metodología consiste en recolectar material genético que los organismos liberan en el entorno a través de escamas, mucosidad o desechos.
Para capturarlo, los investigadores instalan esferas con gasas en puntos estratégicos del mar, capaces de absorber estas moléculas directamente desde el agua.
El académico explicó que «Desde el laboratorio estamos capturando moléculas de ADN directamente desde el agua, el cual posteriormente identificamos a nivel de especie mediante herramientas moleculares y bioinformáticas. Este monitoreo lo realizamos principalmente para peces, tiburones, rayas y aves marinas«.
Confirmación tras captura en Punta de Choros
En el caso del trompetero, el rastro genético fue identificado en laboratorio antes de que existiera un registro visual.
Semanas después, un pescador en Punta de Choros capturó un ejemplar cuya morfología coincidía plenamente con los datos obtenidos mediante análisis molecular, validando la precisión del sistema de detección.
¿Desplazamiento natural o especie invasora?
La aparición del Latris lineata en Coquimbo plantea interrogantes sobre los movimientos de especies en el Pacífico Sur.
Si bien se trata de una especie nativa de Oceanía, desde 2012 se han reportado avistamientos aislados en el sur de Chile, particularmente en el Golfo de Penas. Sin embargo, su presencia más al norte podría indicar un desplazamiento progresivo.
El investigador advirtió que «Confirmar la presencia y eventualmente el establecimiento de esta especie en Chile es clave para evaluar su rol ecológico, con qué especies compite y qué impactos potenciales podría generar en los ecosistemas locales».
Para esclarecer el origen de estos ejemplares, el equipo proyecta realizar análisis genéticos comparativos con muestras de distintas regiones del Pacífico.
Trabajo conjunto con pescadores y SERNAPESCA
La iniciativa se desarrolla en coordinación con el Servicio Nacional de Pesca y Acuicultura (SERNAPESCA) y comunidades locales, fortaleciendo la bioseguridad del patrimonio marino regional.
La colaboración con pescadores artesanales y deportivos ha sido clave para complementar los hallazgos científicos mediante reportes visuales y registros fotográficos.
Araya destacó la relevancia de este enfoque señalando que «Muchas veces no nos preguntamos si el pez que observamos en el mar realmente forma parte de nuestra fauna nativa; por ello, integrar ciencia y comunidad es clave para comprender y resguardar nuestra biodiversidad».
El descubrimiento abre nuevas líneas de investigación sobre la dinámica de las especies en el Pacífico Sur y refuerza el valor de las herramientas moleculares para la detección temprana de posibles especies invasoras.

